viernes, 22 de marzo de 2013

¿El comienzo?

Fechas... siempre me destacaron por la memoria,
 pero cuando pasas un proceso como este, 
te confundes un poco más de lo común.


Capitulo 1
¿El Comienzo?





1809, 3 de febrero.
Me dijeron que nací en el año 1800, un 20 de julio, pero para mi, esa fecha es sólo mi "primer" nacimiento por decirlo así, tema que explicaré eventualmente.
Mi primera familia siempre viajaba en una carreta, recuerdo algunos caminos húmedos, nieblas espesas y un constante olor a animales de campo.
Siempre viajábamos de noche, rara vez me despertaba, a pesar del brusco viaje y las constantes quejas de algún enfermo en nuestro grupo. Por la mañana llegábamos a una nueva mansión, las personas adineradas siempre estaban dispuestas a tener un poco de ayuda en sus campos, tener más comida en sus mesas y mantener en orden sus inmensos hogares, siempre seducidos por la oferta que ofrecía nuestro grupo: Una semana de techo y comida caliente.
Mi madre era una sirvienta y mi padre hacía varios trabajos de campo, pero en el grupo eramos 15 personas.
8 mujeres que se dedicaban en algunos diversos quehaceres de hogar y limpieza, mientras que los 7 hombres que integraban el grupo eran mayoritariamente (para ser exactos 4) personas con experiencia en el trabajo de campo y los tres restantes, cazadores, y yo sin ni un cargo en especial.
En ese entonces yo con 8 años me dedicaba a todo, no me quedaba otra más que hacer caso a lo que me decían, así que trabajaba limpiando el suelo cuando estaba bajo el mando de las mujeres, llevando costales de semillas de un lugar a otro en el granero cuando estaba con los hombres de campo y mi parte favorita, armar y poner trampas junto con los cazadores, aun que siempre me decían que me quedara alejados de ellos.
"Puedes espantar la comida...","Cuidado con las ramas y las hojas secas, no queremos llegar con las manos vacías.", "Pisa el lodo siempre, no importa que te ensucies, tendrás tu recompensa al fin del día."
Decían muchas cosas y yo les prestaba toda mi atención, pero no es sólo aquí donde aprendí mucho, también cuando estaba en el granero con mi padre que aveces me ayudaba a mover los costales para hacer mi trabajo menos pesado, enseñándome posturas de carga, y cuando no quedaba nada más que mover, sacaba su navaja y la lanzaba contra una viga, dejándola incrustada quizás un poco más alto que su propia estatura y me decía:
-Si la consigues sacar, es tuya.
-Pero... - titubeando dije - está muy alta.
-Escúchame bien -me decía mientras se agachaba y me tomaba firme de los hombros- Nada es muy alto para ti, ahora ve y alcanza mi navaja. - y me daba un empujón algo brusco en dirección a la viga.

Mis intentos eran bastante energéticos, pero infantiles. Siempre que no podía más y caía al suelo del cansancio mi padre me decía "tápate los ojos, no tienes que ver como lo saco yo, pero presta atención"
Yo no entendía a lo que se refería con lo de poner atención, hasta ese mismo día. Escuché tres pasos apresurados como a punto de correr, un golpe en la madera, un silencio y la caída de sus dos pies al suelo.
-Ya puedes mirar. -decía parado unos metros alejado de mi un poco agitado pero con su navaja en la mano. Mientras yo lo miraba con una cara de asombro, pero esta vez no quedé sin palabras como las veces anteriores.
-La próxima vez, esa navaja saldrá de este granero dentro de mi bolsillo. -Dije y salí sonriendo-
Él rió diciendo.
-Ya lo veremos.

Pasaron los días y cuando estábamos arreglando las cosas para el viaje, el dueño de la mansión se acercó a nuestra carreta y comenzó a hablar.
-Hay una mansión a varios kilómetros de aquí, es de un amigo, y necesita la misma ayuda que me prestaron ustedes en esta semana.- todos los del grupo se miraron y yo me quedé a un lado de mi padre y un cazador, el dueño levanto las manos para llamar nuevamente nuestra atención y continuó- Pero, les agradecería que se quedaran aquí un par de días más, para informarle a mi amigo lo de su próxima visita, su hogar está en una reconstrucción y necesita un par de hombres.- ahora los hombres se miraron unos a otros asintiendo con la cabeza entre ellos dándose a entender de que aceptaban esa oferta.
-Bien. -Dijo el dueño, haciendo sonar sus manos con un golpe de palmas- Entonces, descansen y cuando yo les avise, partirán. -Giró sobre sus talones sin esperar respuesta del grupo y se alejó con paso apresurado y firme.

En esos días, creo que fueron 2 semanas, y lo único importante que vale la pena relatar fue mi primera expedición solo al bosque y la vuelta.
Era un día caluroso, pero algo me intrigó dentro del bosque; experimentaba un nerviosismo cada vez que lo miraba de lejos, y ese día decidí ir. A paso lento y poco confiado, hasta cuando ya me alejé lo suficiente de la mansión y quedé a pasos de entrar al bosque. Mirando hacia arriba y adelante observé los árboles antes de entrar, y algo se movió dentro de la espesura. Me alerté y me agaché casi de improviso, recordando las frases de los cazadores comencé a avanzar.
"Cuidado con las ramas secas" Caminé agachado sólo por donde veía húmedo, avanzando tembloroso e inexperto. Fueron menos de diez metros y no supe que más hacer, me quedé quieto, me sentí indefenso y sólo esperé. No pasó nada durante unos minutos y simplemente me levanté, pero ese fue mi segundo error, escuché un crujido en una de las ramas de un árbol cercano y miré hacia arriba rápida y temerosamente. El grito fue el más fuerte que dí en mi infancia, al ver un rostro de una persona joven a menos de un metro de mi. Paralizado de miedo caí al suelo, y sus labios pálidos se movieron. "No deberías estar aquí" dijo. Me levanté rápido sin mirarlo y corrí a las afueras del bosque y no paré hasta llegar al granero donde casi sin aliento me escondí entre los costales de semillas y el heno. Por cierto, mi primer error fue no decirle a nadie que saldría al bosque, es más, no preguntar si podía ir al bosque.
No salí de mi escondrijo durante un buen rato, hasta que escuché que me llamaban, la primera voz que distinguí  fue  la  de  un  cazador,  salí  del  granero  y  cuando  me  vieron  exclamaron  "¡Ahí está!", "¡Lo encontramos!"
Sin entender caminé hacia ellos mientras ellos trotaban a mi encuentro. 
-¿¡Donde estabas metido!?.-preguntó mi padre un tanto agitado-
-Sólo estaba caminando y dando vueltas por aquí.- Respondí pero, noté que el cazador me miraba un poco contrariado y con una sonrisa que se asomaba lentamente mientras mi padre comenzaba a hablar nuevamente-
-Nos tenías preocupado, ¿acaso no escuchaste nuestros llamados?
No supe que responder pero el cazador dio un empujón débil a mi padre y en tono suavizante dijo:
-Que más da... ya lo encontramos, y es lo que importa ¿no?
Y comenzaron a caminar de vuelta todos los que estaban ahí llevados en la delantera por el cazador.

En ese momento me prometí a mi mismo siempre decirle las cosas a mis padres antes de hacerlas.
-¡Estaré en el granero! -Grité hacia donde caminaban los hombres y mi padre se dio vuelta y me quedó mirando un segundo, sacó su navaja y la levantó en el aire, al mismo tiempo que se daba la vuelta para seguir caminando, con una sonrisa entré al granero corriendo y agradeciendo el recordatorio para mi mismo. Me situé frente la viga donde estaban las marcas del cuchillo e intenté recordar en voz alta
-Tres pasos, golpe y caída.
Caminé hasta quedar frente de la viga y puse mi pié en ella, lo arrastré hacia abajo, así iluminándome de lo áspera que era. Me alejé quizás más de lo necesario me di vuelta y corrí en su dirección, casi un metro antes de llegar, salté y puse mi pié en la viga impulsándome más hacia atrás que hacia arriba, haciéndome caer de espaldas al tocar el suelo con mis pies.
Me levanté y decidí continuar, sólo que ahora saltaría un poco después, e intentando impulsarme hacia arriba. No pasaron muchos intentos hasta ya dominar esa técnica y llegar mucho más alto que mi estatura, pero aun así sin llegar a mi meta: La marca más baja hecha por la navaja.


Por las noches, a la hora de dormir, no podía pegar un parpado, aun que bostezaba mucho no podía quitarme de la mente ese rostro que vi en el bosque... Sus ojos claros, piel pálida y una vista profunda que provocaba que se me erizaran los pelos de los brazos, no recuerdo como me dormí, pero si desperté con los energéticos gritos del dueño repitiendo "¡Mañana!, mañana por la mañana deben estar llegando donde mi amigo, partirán hoy por la tarde"
Me estremecí por el frío y me acurruqué cerca de las piernas de mi madre, cerré los ojos y no recuerdo más de ese día.

2 comentarios:

  1. Fluido, conciso y con una narrativa llamativa...
    Me encanta!
    Continua! quiero saber que sigue :)

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    1. Continuaré c: incluso ya comencé a escribir el segundo capítulo :3

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