me da vergüenza decir que no recuerdo los nombres de mis padres ni de las personas de mi grupo... Ni mi primer nombre
Capítulo 2
Las puertas al Infierno
1809, 17 de junio
No podíamos parar de correr, las ramas me golpeaban los brazos y la cara, la luz de la tarde ya se había ido y no podía ver bien, una raíz de un árbol me hizo caer y luego solo fue oscuridad...
1809, 2 de marzo
Llegamos por la mañana, un balde de agua estaba dispuesto a la bajada de la carreta, me lavé la cara y ahí fue cuando vi por primera vez la mansión. Siempre me impresionaba su arquitectura, sus detalles.
Unas paredes blancas pero gastadas y descascaradas con el tiempo rodeaban la edificación, un techo azulino claro y manchado protegía gran parte del interior, pero tenía un par de agujeros... Grandes agujeros. Mientras veía las ventanas y comenzaba a caminar, me sobresalté al saber que me dirigían la palabra.
-Tendremos mucho trabajo aquí ¿no? - Dijo mi padre mientras ponía su sombrero en mi cabeza sin dejarme mucha visión mientras él peinaba su cabello hacia atrás, siempre lo hacía y yo lo miraba.-
-Gracias. -decía mientras cogía su sombrero y me empujaba para que caminara con él.
Los días pasaban relativamente rápidos y fríos, pero experimentaba la comodidad de una cama.
La mayoría de las mañanas, cuando despertaba y salía para seguir ayudando en la reparación, una espesa niebla cubría todo enfrente mio, también la niebla entraba por los agujeros de la mansión lo que hacía que por dentro se viera todo más escalofriante. Fue ahí cuando vi por primera vez al dueño de la construcción, tenía un bigote abundante, llevaba sombrero de copa, raído y empolvado, una camisa que tenía manchas de tierra y algo marrón por el cuello, encima de la camisa llevaba una chaqueta sin mangas negra, al igual que sus pantalones. Consigo llevaba un mazo que al parecer lo usaba en la reparación. "Esta niebla humedecerá la madera y cuando esté terminada mi obra, habrán ruidos extraños dentro..." Dijo mientras caminaba en frente mio sin quitar la vista del techo y la niebla.
Este lugar no parecía tan diferente al anterior, lo único era que el bosque rodeaba casi todo el solar, y con él se dejaba ver un miedo incipiente dentro de mi, miradas nerviosas y manos temblorosas por lo que recuerdo, pero no pasó nada más hasta dentro del otro mes.
6 de abril. Parte de una verdad.
Estaba con mi padre en el cuarto piso, erigiendo de "arsenalero" mientras mi padre hacía equilibrio en una viga y armaba el nuevo suelo de este piso, ya cuando los otros estaban terminados, éste, el techo y un par de paredes era lo único que faltaba para terminar.
-Alcánzame 5 clavos más- dijo él- ven camina por la viga.
Eran 3 metros de caída, y caminar por una viga en la que alcanzaba mi pie casi justo, me hacía temblar."Cuando camines por una viga solo mira tus pies y visualiza donde pondrás el paso siguiente." Di un par de pasos mirando mis pies, me detuve, vi a mi padre con una sonrisa y me frunció el ceño, haciéndome entender que pusiera atención, volví mi vista hacia abajo y me tambalee un poco di un paso hacia atrás y pronto volví a caminar nuevamente por la viga, dí 6 pasos más y le entregué los clavos a mi padre, el los tomó y me miró a los ojos y pronunció "Con cuidado la vuelta" Me di la vuelta y caminé mientras él volvía a su trabajo.
Él debió escuchar un golpe, un temblor en la viga y luego otro golpe más. Por mi parte: Un sobre salto por el martilleo de mi padre, mirar hacia abajo en vez de mis pies y resbalar, intenté afirmarme de la viga desesperadamente pero caí en ella con el tórax y me quedé sin aire, luego fue la caída y un golpe que me cegó la vista, sentí que me levantaba y comenzaba a caminar, pero sin ver nada, luego de eso no recuerdo nada más de aquél día.
Días más tarde abrí los ojos y veía borroso y estaba en una cama, "Quédate tranquilo," dijo alguien "te golpeaste la cabeza muy fuerte, ¿cuantos dedos puedes ver?", dijeron que después de esa pregunta balbucee y volví a dormir.
Estos meses son de recuerdos muy borrosos la verdad, recuerdos dispersos, pero siempre me han dicho que las cosas poco importantes se olvidan con facilidad.
10 de abril.
Estaba recostado y me desperté en medio de la noche, intenté prender la lampara de mi cuarto pero no había con qué encender la vela, mi visión se había restaurado y podía caminar perfectamente, así que me levanté, y al abrir la puerta, escuché unos ruidos, unas voces que venían desde el salón. Caminé despacio, intentando no hacer ruido por el piso de madera, hasta que llegué al pórtico del salón.
-...Entonces necesito más gente como ustedes, -decía el dueño con pausas frecuentes- fuerte.
-Ahora que lo dice, -interrumpió mi padre, que estaba sentado al lado de mi madre y un cazador- sí , notábamos movimiento por el linde del bosque, movimientos que se veían con la luz de la luna, que nos hacía detener la carreta, pero no escuchábamos a ni un animal que reclamara por su territorio, esto es bastante raro...
- La verdad les digo señoritas y señores, esta mansión fue destruida por personas, pero...¿como se los explico...? personas no normales... y bueno las familias que antes vivían aquí nos llamaron a nosotros, a nuestra organización u orden, como quieran llamarla, nosotros nos encargamos de estas personas, y siempre ha sido así, pero últimamente nos hemos visto superados por su creciente población, observen esto, -se levantó y tomó un par de papeles, y se los entregó al cazador más próximo, tenía dibujos en él que no alcanzaba a ver, mientras la gente de mi grupo se acercaba y se repartía los papeles, el dueño seguía hablando.- a ellos, los han visto cerca de los pueblos que se encuentran a unos kilómetros de aquí, los carruajes y viajeros han disminuido su transito por estos lares cuando cae la noche, temiendo que estas personas los asalten como ya les conté y los posibles...- bajó su voz y se acercó al grupo, me escondí y esperé un momento hasta que comenzara a hablar nuevamente.- Bueno, nosotros buscamos detener este "caos", este miedo que es provocado en la gente, ¿estoy con ustedes, o no?
Los dos cazadores se miraron y con una sonrisa en el rostro asintieron con la cabeza y uno dijo, "claro que estamos con usted, y con su organización, haremos todo lo posible para atrapar a estos tipos, y nadie tocará nuevamente esta mansión, que con nuestro esfuerzo hemos logrado reparar." El dueño peinó su bigote y con una notable sonrisa les agradeció y desvió la vista hacia los granjeros y las mujeres, "Entonces, - exclamó.- vamos a descansar y mañana comenzamos con una preparación más específica y veremos si se pueden unir a nuestra asociación, ya que tiene que presentarse ante ustedes un reclutador a ver quien está apto para entrar, y quien no."
Finalizo su discurso, se levantó el sombrero y lo volvió a colocar en su cabeza, se acercó al pórtico donde yo estaba con paso enérgico como acostumbraba, cantando en voz baja "(...)venatores sunt et servire." no se detuvo cuando pasó por mi lado, dando una mirada rápida y apuntándome con el índice sin dejar de caminar.
Me quedé quieto, no atemorizado pero no quería moverme. La gente del grupo después de susurrar un par de cosas, decidieron volver a sus cuartos, esperé a que todos salieran del salón y lo hicieron, sin verme. Entré en busca de los papeles, impulsado por mi curiosidad, tomé todos los papeles que estaban encima de una mesa y entre escritos que yo no entendía gracias a mi analfabetismo, encontré los dibujos que a la distancia no había podido ver. Eran retratos hechos con tinta y planchas de acero que dejaban un emblema marcado debajo de los rostros, dejándome llevar por los detalles de estos retratos comencé a verlos todos, pero sólo hasta cuando vi el último, sentí como el pelo de mi nuca se erizaba y un frío recorría mi espalda, era el mismo rostro del bosque, tal como yo lo recordaba, sólo que con el cabello más largo y una barba incipiente. Dejé caer los dibujos y los papeles mirando al vacío pero recordando lo de aquella tarde, recordando cada noche en la que no podía pegar los parpados, me dejé caer en el suelo y tomé nuevamente el último retrato, sin pensarlo mucho, tomé todos los dibujos y los dejé en la mesa pero cuando me di vuelta, mi sorpresa no fue infundada cuando vi a mi padre apoyado en el pórtico del salón, con aspecto cansado, "A la cama niño" dijo sin moverse, esperando mis movimientos.
-¡Vamos! - exclamó- aligera el paso.
- Sí papá. -dije sin vacilar y poniéndome en marcha.
-A dormir que mañana tenemos trabajo.
Cuando llegué a mi cama, nuevamente no podía cerrar los ojos, sentía que cualquier ruido en la mansión era producto del tipo del bosque que había entrado, además, ¿qué era todo aquello de que no eran personas normales? En mi mente había un revoltijo de dudas, miedo y demasiada curiosidad, pero me dormí de todas formas, sin aguantar más el sueño.
12 de abril.
Desperté con el galope de un caballo, el grupo completo fue a buscar agua y uno de los cazadores fue a buscar comida para la tarde, pero faltaba alguien. El dueño no se veía por ni un lugar.
-¿Donde está el dueño? - pregunté yo en tono bajo, tirando de la manga a mi padre-
-Fue a buscar a... alguien - dijo dudando un poco y apresuró el paso- ve al granero y ordena las tablas que usaremos para las partes que faltan, nosotros iremos a buscar agua.
Fui a ordenar las tablas, y separé algunas que estaban en mal estado o muy húmedas, cuando terminé, con un dolor de espalda me di vuelta, y vi un pilar, sin dudarlo mucho corrí y salté, haciendo los mismos movimientos necesarios para sacar la navaja de mi padre, me sorprendí a la altura que había llegado y al caer, me fui hacia atrás y caí encima de las tablas tropezando con las mismas. Luego de terminar de ordenar nuevamente las que habían caído, salí del granero con un sentimiento de orgullo y ansias.
El dueño no llegó ese día.
14 de abril.
La mañana de aquél día fue diferente, habían 4 carretas grandes, de un color rojizo con detalles de color ébano, y en el salón había mucha gente de clase alta conversando, bebiendo y riendo.
El dueño me miró y me saludó a la distancia levantando su sombrero, esto hizo que un par de hombres que conversaban con él se dieran vuelta y me vieran, me dio un poco de vergüenza y sólo atiné a sonreír estúpidamente y estos rieron volviendo a su conversación.
Salí en busca de mi padre preguntando a la gente del grupo, y en eso me encontré con mi madre que me llevó a la cocina a que le ayudara a lavar unos platos que estaban con polvo, ahí estuve, lavando platos, y conversando con mi madre, preguntándole quienes eran las personas del salón y que hacían.
-Son amigos del dueño de la mansión,-dijo ella-. dice que ellos nos ayudaran en algo, y que nos enseñaran un par de cosas, trajeron libros para enseñarte a leer, también trajeron ropa para nosotros, el dueño está muy contento con nuestra ayuda y quiere integrarnos a algo así como su familia - sonriendo me acarició el pelo y me tiró agua a la cara. - ¿Sabes que significa eso hijo? -preguntó con la misma sonrisa sin dejar de ver los platos y copas, sin darme tiempo para contestar continuó.- No tendríamos que viajar tanto, dijo que nos enviaría a una especie de ciudadela de su familia cuando termine de enseñarnos unas reglas básicas o algo así, ahora termina con ese plato y ve a buscar a los cazadores que estarán por salir a buscar algo para la cena de esta noche.
Mientras la gente de nuestro grupo se movilizaba, vi a un hombre, con una gran barba salir de la casa, vestía bien y dejó caer algo brillante, al ver que no se daba cuenta caminé y lo recogí, era un reloj de bolsillo, plateado con una "V" en el centro y un hacha detrás, fui en busca del hombre de la barba y lo vi entrando a una carreta, me apresuré para darle encuentro antes de que desapareciera dentro de la carreta rojiza, y me miró, me llamó por mi nombre y me dijo.
-No me decepciones chico - estirando las dos manos, una con dos cuchillos y la otra abierta, esperando a que le entregara el reloj.- ve y entrégale esto a los cazadores de tu grupo antes de que se vayan-.
-Se le cayó el...
-Lo dejé caer, - me interrumpió-. para que me siguieras.
-Ahora ve ¡rápido!
Devolví el reloj, tomé el par de navajas sin verlas y comencé a correr, el linde del bosque estaba cercano, y los cazadores aun se veían a la distancia, corrí sin parar hasta llegar a ellos, encontrándolos casi en el borde, jadeando y apoyado en mis rodillas les entregué los cuchillos.
-Hey, descansa un poco, ¿éstos los envió el señor de la barba? -preguntó el cazador más joven.
-Sí - dije tomando aire y botándolo rápidamente-.
-Oye, descansa un momento mientras te contamos algo que escuchamos -se sentaron en el suelo y yo los acompañé.- Uno de los hombres dijo algo de una batalla, algo que se está dando en las ciudades más grandes (No recuerdo el lugar donde estábamos en ese momento, no recuerdo el país...) y que ellos nos enseñarían a pelear, a disparar mejor y cosas de soldados, así que chico, si te enseñan a disparar y a usar armas, podías salir con nosotros, a cazar...- con una sonrisa asentí, ya había recuperado el aire, pero tenía dudas, que estos dos hombres no respondieron, no sabían nada-. ¿Quieres venir con nosotros?
Los acompañé por el bosque ese día, y esa misma noche comenzó el entrenamiento.
Nos hicieron trotar, y correr, pero ellos estaban corriendo junto a nosotros, ellos también se ejercitaban, eramos un nuevo grupo.
Nos aceptaron.
23 de mayo. La navaja
Aprendí bastante en este entrenamiento, no me dejaban usar navajas ni fusiles (ni un tipo de arma en realidad), debe ser porque se veían distintos, distintos a los que llevaban los cazadores que ya conocía. Pero aprendí a correr bien, y a moverme por espacios estrechos, aunque no acostumbraban a entrenar con niños, creo que les daba lástima verme sentado esperando a que me pusieran atención.
Cuando me entraba la duda de por qué estábamos haciendo eso, me decían que era por una guerra que se aproximaba.
-¿Qué es una guerra? -preguntaba yo con un visible aire de inocencia-
-Hijo -Mi madre se agachó, miró a mi padre y volvió la vista hacia mi- es algo terrible, donde se enfrenta mucha gente luchando por una causa. No sabemos si esto realmente sucederá pero, más vale estar preparados, si sucediera algo, hijo tu sólo debes correr.
-Vamos chico, - dijo mi padre -te contaré algo.
Caminamos hacia el granero mientras él me hablaba- Yo también tuve un padre, que no llegaste a conocer, ni yo lo conocí bien, era un hombre exigente, me enseñó oficios de campo, me enseñó a sembrar y me forjó como un hombre en otros aspectos, pero cuando él... dejó de vivir, cuando yo aún era joven, un par de años mayor que tú... Por cierto, se acerca tú cumpleaños, pero no cambiemos el tema. Mi padre falleció en enero -entramos al granero- él mantenía mi familia trabajando con un hombre que tenía mucho dinero, dueño de una casa grande, casi como estas que has conocido en nuestros numerosos viajes.
Me conversó cerca de una hora, pasando por temas de su familia, como tuvo que sostener a su familia, la muerte de su familia, como conoció a mi madre y se unió al grupo. Su navaja, se la regaló su padre, y era hora de que fuera mía, por lo menos eso pensaba yo.
Mi padre lanzó la navaja a una viga, lo miré sonreí, y me puse frente a la viga, estaba un poco adolorido por trotar durante la semana y la mañana de aquél día, pero quería demostrarle a mi padre de lo que era capaz, corrí tal como lo había practicado, quizás fue el entrenamiento o quizás mi cuerpo se estaba desarrollando un poco más, alcancé el cuchillo, y caí, mis pies tocaron el suelo y me di media vuelta para ver a mi padre, y ahí estaba, con la boca casi abierta y solo atinó a aplaudir.
-Vamos chico, te la puedes quedar, es tuya -me dijo cuando extendí mi mano para entregársela.
Mi sonrisa marcó el fin del día.
16 de junio. El buen día.
Desperté muy tarde en comparación a los otros días, no sé si no quisieron despertarme o se les había olvidado, de todas formas, fue una buena noche.
Me levanté algo lento, me vestí y salí del cuarto, caminé por un pasillo que daba directo al salón y cuando llegué ahí estaban todos los hombres, fumando en pipas elegantes, me miraron, saludaron y siguieron conversando.
La mañana fue muy relajante, comimos algo y conversamos con uno de los cazadores, de su nombre solo recuerdo la letra "J". Nos contó un poco de su familia y de como había comenzado en el rubro de la cacería, nos contaba historias y nosotros escuchábamos con atención.
Por el día no hicimos nada, comimos al aire libre, pan y carne, mi padre me dejó probar el vino que se servían y rieron al unísono cuando vieron mi expresión, la tarde fue en otras palabras: Risas, conversar y un aprendizaje nuevo, no volver a tomar las bebidas de los mayores.
Mi padre me decía que yo estaba casi mayor y que pronto le podría encontrar un sabor distinto a esas bebidas; luego me enseñó a tomar bien la navaja y a asestar un par de golpes a un saco con arena que habíamos llenado, me entretenía todo este tema y así pasó la tarde.
Por la tarde estábamos todos en el salón mientras el dueño leía un libro en voz alta, habían muchas palabras que no entendía y pronto fui cerrando los ojos, quizás si no hubiera cerrado los ojos en ese momento... no estaría escribiendo esto ahora...
17 de junio. Las puertas al infierno.
Me destapé por el calor que hacía, me picaba un poco la garganta y esperando a que fuera de día nuevamente abrí los ojos, todo era oscuridad, excepto por debajo de la puerta, que se veía un resplandor anaranjado. Me levanté un poco embobado en busca de agua, abrí la puerta un poco atemorizado por la oscuridad esperando ver a alguien con una vela pasando por el pasillo que estaba continuando después de la puerta, abrí y un olor a humo me hizo abrir mucho los ojos y así esto me hizo despertar instantáneamente, un resplandor anaranjado se veía desde el salón, caminé hacia el resplandor, descalzo la madera del suelo se sentía tibia, de las murallas se podía ver que expulsaba un poco de humo, llegué al pórtico del salón y estaba completamente en llamas, como si las mismísimas puertas del infierno se hubieran abierto dentro, dando paso para que el fuego destruyera todo lo que habíamos construido, pero algo había ahí que me dejó casi hipnotizado, aterrorizado y a pesar del calor que hacía, hizo que mi sangre se congelara: Había alguien enfrente del fuego, una silueta, observando el espectáculo como si fuera su propia creación, al parecer se había dado cuenta de que había alguien más ahí, se dio una vuelta lentamente para observarme. Un grito ahogado por el humo salió de mi garganta al ver que era el mismo rostro que había visto el el bosque, su cara de tranquilidad me hizo dudar de la realidad y escuché pasos apresurados, me levantaron y me dijeron "Sal de aquí, ¡¡Ahora!!" Sin camisa y solo con los pantalones afirmados por unos tirantes el dueño apareció, trayendo consigo su mazo, el joven que estaba ahí enfrente del fuego tomó una posición de combate agachado y piernas separadas, manos atrás y vista fija en el dueño, me quedé en el pórtico del salón observando todo, el dueño comenzó a arremeter con su mazo en contra del extraño y este moviéndose con una rapidez con la que casi se burlaba del dueño; con un cansancio evidente el dueño levantó su arma y el joven aprovechó para golpearlo con una patada en el estómago, y el dueño, esa ocasión la aprovechó para bajar el mazo e intentar golpear en seco al extraño, pero este se lanzó para atrás casi chocando con una viga en llamas, el dueño falló con su golpe y su mazo rompió el suelo de madera, con una gran rapidez el extraño corrió hacia el dueño y pisando su mazo saltó y lo golpeo con una patada en la cara que lo hizo caer, el extraño se puso encima de este y lo golpeo en la cara un par de veces más con un mano abierta y otra cerrada, haciéndolo sangrar como si tuviera cortes en su piel, susurró algo en su oído y se levantó, el dueño tomó su collar y de tener los ojos tan abiertos pasó a cerrarlos lentamente y a fruncir el ceño, el joven levantó la pierna y la bajó rápidamente aplastando el cuello del dueño haciendo salir su último aire que manchó su bigote con sangre. Alguien me tomó por el hombro y me levantó, salimos de la mansión que casi se rodeaba con llamas por fuera, los vidrios explotaban por la presión y el humo salía expulsado por todos los orificios de la construcción que fue mi hogar.
La persona que me llevaba en sus brazos no paró de correr hasta estar en medio del campo, mientras yo gritaba y lloraba al ver que no salía nadie más de la mansión, me puso en el suelo y lo vi, era el cazador que había contado la historia.
No puedo más- dijo jadeando- apresúrate trota a mi lado.
Nos dirigimos al bosque y para mi sorpresa aun se veía un resplandor del sol entre las montañas, corrí lo más rápido que pude y entré al bosque, avancé un gran tramo y cada vez que miraba hacia atrás el cazador venía ahí, corriendo, y el cielo que se dejaba ver por entre el follaje se veía un rastro de humo, siempre a mis espaldas...
*No podíamos parar de correr, las ramas me golpeaban los brazos y la cara, la luz de la tarde ya se había ido y no podía ver bien, una raíz de un árbol me hizo caer y luego solo fue oscuridad...
-Una horrible pesadilla, -dije mientras me acomodaba en la almohada- pesadilla...
Abrí los ojos y vi árboles, me levanté apresuradamente y vi a mi lado al cazador que se había quitado la camisa y yo la había usado de almohada...
Caí al suelo y comenzaron a caer las lagrimas de mis ojos al no ver a nadie más.
Cuando despertó el cazador me encontró sentado y caminamos a la mansión, no había nada, solo una estructura derrumbada, cenizas y un par de llamas que aun persistían abrazando lo último que quedaba.
-Papá - susurré dejando caer unas lagrimas más-
-Vamos, alejémonos de este lugar- dijo el cazador mientras forcejeaba por moverme, pero comencé a correr hacia los escombros y no vi nada, no se movía nada, no había nada, solo el reciente abrazo que le dio el infierno a mi vida, quitándome todo lo que tenía.
Caminé por los escombros con sangre en los pies hacia el lugar donde debería estar mi cuarto, estaba bajo una estructura que aun no se derrumbaba por completo, saqué ladrillos aun tibios, me quemé un par de veces pero encontré lo que buscaba, tomé la navaja que me había regalado mi padre y volví al lado del cazador.
1809, 2 de marzo
Llegamos por la mañana, un balde de agua estaba dispuesto a la bajada de la carreta, me lavé la cara y ahí fue cuando vi por primera vez la mansión. Siempre me impresionaba su arquitectura, sus detalles.
Unas paredes blancas pero gastadas y descascaradas con el tiempo rodeaban la edificación, un techo azulino claro y manchado protegía gran parte del interior, pero tenía un par de agujeros... Grandes agujeros. Mientras veía las ventanas y comenzaba a caminar, me sobresalté al saber que me dirigían la palabra.
-Tendremos mucho trabajo aquí ¿no? - Dijo mi padre mientras ponía su sombrero en mi cabeza sin dejarme mucha visión mientras él peinaba su cabello hacia atrás, siempre lo hacía y yo lo miraba.-
-Gracias. -decía mientras cogía su sombrero y me empujaba para que caminara con él.
Los días pasaban relativamente rápidos y fríos, pero experimentaba la comodidad de una cama.
La mayoría de las mañanas, cuando despertaba y salía para seguir ayudando en la reparación, una espesa niebla cubría todo enfrente mio, también la niebla entraba por los agujeros de la mansión lo que hacía que por dentro se viera todo más escalofriante. Fue ahí cuando vi por primera vez al dueño de la construcción, tenía un bigote abundante, llevaba sombrero de copa, raído y empolvado, una camisa que tenía manchas de tierra y algo marrón por el cuello, encima de la camisa llevaba una chaqueta sin mangas negra, al igual que sus pantalones. Consigo llevaba un mazo que al parecer lo usaba en la reparación. "Esta niebla humedecerá la madera y cuando esté terminada mi obra, habrán ruidos extraños dentro..." Dijo mientras caminaba en frente mio sin quitar la vista del techo y la niebla.
Dos detalles que me llamaron la atención
Un collar de plata con la letra "V"
En el mazo estaba la misma letra tallada en la parte superior
6 de abril. Parte de una verdad.
Estaba con mi padre en el cuarto piso, erigiendo de "arsenalero" mientras mi padre hacía equilibrio en una viga y armaba el nuevo suelo de este piso, ya cuando los otros estaban terminados, éste, el techo y un par de paredes era lo único que faltaba para terminar.
-Alcánzame 5 clavos más- dijo él- ven camina por la viga.
Eran 3 metros de caída, y caminar por una viga en la que alcanzaba mi pie casi justo, me hacía temblar."Cuando camines por una viga solo mira tus pies y visualiza donde pondrás el paso siguiente." Di un par de pasos mirando mis pies, me detuve, vi a mi padre con una sonrisa y me frunció el ceño, haciéndome entender que pusiera atención, volví mi vista hacia abajo y me tambalee un poco di un paso hacia atrás y pronto volví a caminar nuevamente por la viga, dí 6 pasos más y le entregué los clavos a mi padre, el los tomó y me miró a los ojos y pronunció "Con cuidado la vuelta" Me di la vuelta y caminé mientras él volvía a su trabajo.
Él debió escuchar un golpe, un temblor en la viga y luego otro golpe más. Por mi parte: Un sobre salto por el martilleo de mi padre, mirar hacia abajo en vez de mis pies y resbalar, intenté afirmarme de la viga desesperadamente pero caí en ella con el tórax y me quedé sin aire, luego fue la caída y un golpe que me cegó la vista, sentí que me levantaba y comenzaba a caminar, pero sin ver nada, luego de eso no recuerdo nada más de aquél día.
Días más tarde abrí los ojos y veía borroso y estaba en una cama, "Quédate tranquilo," dijo alguien "te golpeaste la cabeza muy fuerte, ¿cuantos dedos puedes ver?", dijeron que después de esa pregunta balbucee y volví a dormir.
Estos meses son de recuerdos muy borrosos la verdad, recuerdos dispersos, pero siempre me han dicho que las cosas poco importantes se olvidan con facilidad.
10 de abril.
Estaba recostado y me desperté en medio de la noche, intenté prender la lampara de mi cuarto pero no había con qué encender la vela, mi visión se había restaurado y podía caminar perfectamente, así que me levanté, y al abrir la puerta, escuché unos ruidos, unas voces que venían desde el salón. Caminé despacio, intentando no hacer ruido por el piso de madera, hasta que llegué al pórtico del salón.
-...Entonces necesito más gente como ustedes, -decía el dueño con pausas frecuentes- fuerte.
-Ahora que lo dice, -interrumpió mi padre, que estaba sentado al lado de mi madre y un cazador- sí , notábamos movimiento por el linde del bosque, movimientos que se veían con la luz de la luna, que nos hacía detener la carreta, pero no escuchábamos a ni un animal que reclamara por su territorio, esto es bastante raro...
- La verdad les digo señoritas y señores, esta mansión fue destruida por personas, pero...¿como se los explico...? personas no normales... y bueno las familias que antes vivían aquí nos llamaron a nosotros, a nuestra organización u orden, como quieran llamarla, nosotros nos encargamos de estas personas, y siempre ha sido así, pero últimamente nos hemos visto superados por su creciente población, observen esto, -se levantó y tomó un par de papeles, y se los entregó al cazador más próximo, tenía dibujos en él que no alcanzaba a ver, mientras la gente de mi grupo se acercaba y se repartía los papeles, el dueño seguía hablando.- a ellos, los han visto cerca de los pueblos que se encuentran a unos kilómetros de aquí, los carruajes y viajeros han disminuido su transito por estos lares cuando cae la noche, temiendo que estas personas los asalten como ya les conté y los posibles...- bajó su voz y se acercó al grupo, me escondí y esperé un momento hasta que comenzara a hablar nuevamente.- Bueno, nosotros buscamos detener este "caos", este miedo que es provocado en la gente, ¿estoy con ustedes, o no?
Los dos cazadores se miraron y con una sonrisa en el rostro asintieron con la cabeza y uno dijo, "claro que estamos con usted, y con su organización, haremos todo lo posible para atrapar a estos tipos, y nadie tocará nuevamente esta mansión, que con nuestro esfuerzo hemos logrado reparar." El dueño peinó su bigote y con una notable sonrisa les agradeció y desvió la vista hacia los granjeros y las mujeres, "Entonces, - exclamó.- vamos a descansar y mañana comenzamos con una preparación más específica y veremos si se pueden unir a nuestra asociación, ya que tiene que presentarse ante ustedes un reclutador a ver quien está apto para entrar, y quien no."
Finalizo su discurso, se levantó el sombrero y lo volvió a colocar en su cabeza, se acercó al pórtico donde yo estaba con paso enérgico como acostumbraba, cantando en voz baja "(...)venatores sunt et servire." no se detuvo cuando pasó por mi lado, dando una mirada rápida y apuntándome con el índice sin dejar de caminar.
Me quedé quieto, no atemorizado pero no quería moverme. La gente del grupo después de susurrar un par de cosas, decidieron volver a sus cuartos, esperé a que todos salieran del salón y lo hicieron, sin verme. Entré en busca de los papeles, impulsado por mi curiosidad, tomé todos los papeles que estaban encima de una mesa y entre escritos que yo no entendía gracias a mi analfabetismo, encontré los dibujos que a la distancia no había podido ver. Eran retratos hechos con tinta y planchas de acero que dejaban un emblema marcado debajo de los rostros, dejándome llevar por los detalles de estos retratos comencé a verlos todos, pero sólo hasta cuando vi el último, sentí como el pelo de mi nuca se erizaba y un frío recorría mi espalda, era el mismo rostro del bosque, tal como yo lo recordaba, sólo que con el cabello más largo y una barba incipiente. Dejé caer los dibujos y los papeles mirando al vacío pero recordando lo de aquella tarde, recordando cada noche en la que no podía pegar los parpados, me dejé caer en el suelo y tomé nuevamente el último retrato, sin pensarlo mucho, tomé todos los dibujos y los dejé en la mesa pero cuando me di vuelta, mi sorpresa no fue infundada cuando vi a mi padre apoyado en el pórtico del salón, con aspecto cansado, "A la cama niño" dijo sin moverse, esperando mis movimientos.
-¡Vamos! - exclamó- aligera el paso.
- Sí papá. -dije sin vacilar y poniéndome en marcha.
-A dormir que mañana tenemos trabajo.
Cuando llegué a mi cama, nuevamente no podía cerrar los ojos, sentía que cualquier ruido en la mansión era producto del tipo del bosque que había entrado, además, ¿qué era todo aquello de que no eran personas normales? En mi mente había un revoltijo de dudas, miedo y demasiada curiosidad, pero me dormí de todas formas, sin aguantar más el sueño.
12 de abril.
Desperté con el galope de un caballo, el grupo completo fue a buscar agua y uno de los cazadores fue a buscar comida para la tarde, pero faltaba alguien. El dueño no se veía por ni un lugar.
-¿Donde está el dueño? - pregunté yo en tono bajo, tirando de la manga a mi padre-
-Fue a buscar a... alguien - dijo dudando un poco y apresuró el paso- ve al granero y ordena las tablas que usaremos para las partes que faltan, nosotros iremos a buscar agua.
Fui a ordenar las tablas, y separé algunas que estaban en mal estado o muy húmedas, cuando terminé, con un dolor de espalda me di vuelta, y vi un pilar, sin dudarlo mucho corrí y salté, haciendo los mismos movimientos necesarios para sacar la navaja de mi padre, me sorprendí a la altura que había llegado y al caer, me fui hacia atrás y caí encima de las tablas tropezando con las mismas. Luego de terminar de ordenar nuevamente las que habían caído, salí del granero con un sentimiento de orgullo y ansias.
El dueño no llegó ese día.
14 de abril.
La mañana de aquél día fue diferente, habían 4 carretas grandes, de un color rojizo con detalles de color ébano, y en el salón había mucha gente de clase alta conversando, bebiendo y riendo.
El dueño me miró y me saludó a la distancia levantando su sombrero, esto hizo que un par de hombres que conversaban con él se dieran vuelta y me vieran, me dio un poco de vergüenza y sólo atiné a sonreír estúpidamente y estos rieron volviendo a su conversación.
Salí en busca de mi padre preguntando a la gente del grupo, y en eso me encontré con mi madre que me llevó a la cocina a que le ayudara a lavar unos platos que estaban con polvo, ahí estuve, lavando platos, y conversando con mi madre, preguntándole quienes eran las personas del salón y que hacían.
-Son amigos del dueño de la mansión,-dijo ella-. dice que ellos nos ayudaran en algo, y que nos enseñaran un par de cosas, trajeron libros para enseñarte a leer, también trajeron ropa para nosotros, el dueño está muy contento con nuestra ayuda y quiere integrarnos a algo así como su familia - sonriendo me acarició el pelo y me tiró agua a la cara. - ¿Sabes que significa eso hijo? -preguntó con la misma sonrisa sin dejar de ver los platos y copas, sin darme tiempo para contestar continuó.- No tendríamos que viajar tanto, dijo que nos enviaría a una especie de ciudadela de su familia cuando termine de enseñarnos unas reglas básicas o algo así, ahora termina con ese plato y ve a buscar a los cazadores que estarán por salir a buscar algo para la cena de esta noche.
Mientras la gente de nuestro grupo se movilizaba, vi a un hombre, con una gran barba salir de la casa, vestía bien y dejó caer algo brillante, al ver que no se daba cuenta caminé y lo recogí, era un reloj de bolsillo, plateado con una "V" en el centro y un hacha detrás, fui en busca del hombre de la barba y lo vi entrando a una carreta, me apresuré para darle encuentro antes de que desapareciera dentro de la carreta rojiza, y me miró, me llamó por mi nombre y me dijo.
-No me decepciones chico - estirando las dos manos, una con dos cuchillos y la otra abierta, esperando a que le entregara el reloj.- ve y entrégale esto a los cazadores de tu grupo antes de que se vayan-.
-Se le cayó el...
-Lo dejé caer, - me interrumpió-. para que me siguieras.
-Ahora ve ¡rápido!
Devolví el reloj, tomé el par de navajas sin verlas y comencé a correr, el linde del bosque estaba cercano, y los cazadores aun se veían a la distancia, corrí sin parar hasta llegar a ellos, encontrándolos casi en el borde, jadeando y apoyado en mis rodillas les entregué los cuchillos.
-Hey, descansa un poco, ¿éstos los envió el señor de la barba? -preguntó el cazador más joven.
-Sí - dije tomando aire y botándolo rápidamente-.
-Oye, descansa un momento mientras te contamos algo que escuchamos -se sentaron en el suelo y yo los acompañé.- Uno de los hombres dijo algo de una batalla, algo que se está dando en las ciudades más grandes (No recuerdo el lugar donde estábamos en ese momento, no recuerdo el país...) y que ellos nos enseñarían a pelear, a disparar mejor y cosas de soldados, así que chico, si te enseñan a disparar y a usar armas, podías salir con nosotros, a cazar...- con una sonrisa asentí, ya había recuperado el aire, pero tenía dudas, que estos dos hombres no respondieron, no sabían nada-. ¿Quieres venir con nosotros?
Los acompañé por el bosque ese día, y esa misma noche comenzó el entrenamiento.
Nos hicieron trotar, y correr, pero ellos estaban corriendo junto a nosotros, ellos también se ejercitaban, eramos un nuevo grupo.
Nos aceptaron.
23 de mayo. La navaja
Aprendí bastante en este entrenamiento, no me dejaban usar navajas ni fusiles (ni un tipo de arma en realidad), debe ser porque se veían distintos, distintos a los que llevaban los cazadores que ya conocía. Pero aprendí a correr bien, y a moverme por espacios estrechos, aunque no acostumbraban a entrenar con niños, creo que les daba lástima verme sentado esperando a que me pusieran atención.
Cuando me entraba la duda de por qué estábamos haciendo eso, me decían que era por una guerra que se aproximaba.
-¿Qué es una guerra? -preguntaba yo con un visible aire de inocencia-
-Hijo -Mi madre se agachó, miró a mi padre y volvió la vista hacia mi- es algo terrible, donde se enfrenta mucha gente luchando por una causa. No sabemos si esto realmente sucederá pero, más vale estar preparados, si sucediera algo, hijo tu sólo debes correr.
-Vamos chico, - dijo mi padre -te contaré algo.
Caminamos hacia el granero mientras él me hablaba- Yo también tuve un padre, que no llegaste a conocer, ni yo lo conocí bien, era un hombre exigente, me enseñó oficios de campo, me enseñó a sembrar y me forjó como un hombre en otros aspectos, pero cuando él... dejó de vivir, cuando yo aún era joven, un par de años mayor que tú... Por cierto, se acerca tú cumpleaños, pero no cambiemos el tema. Mi padre falleció en enero -entramos al granero- él mantenía mi familia trabajando con un hombre que tenía mucho dinero, dueño de una casa grande, casi como estas que has conocido en nuestros numerosos viajes.
Me conversó cerca de una hora, pasando por temas de su familia, como tuvo que sostener a su familia, la muerte de su familia, como conoció a mi madre y se unió al grupo. Su navaja, se la regaló su padre, y era hora de que fuera mía, por lo menos eso pensaba yo.
Mi padre lanzó la navaja a una viga, lo miré sonreí, y me puse frente a la viga, estaba un poco adolorido por trotar durante la semana y la mañana de aquél día, pero quería demostrarle a mi padre de lo que era capaz, corrí tal como lo había practicado, quizás fue el entrenamiento o quizás mi cuerpo se estaba desarrollando un poco más, alcancé el cuchillo, y caí, mis pies tocaron el suelo y me di media vuelta para ver a mi padre, y ahí estaba, con la boca casi abierta y solo atinó a aplaudir.
-Vamos chico, te la puedes quedar, es tuya -me dijo cuando extendí mi mano para entregársela.
Mi sonrisa marcó el fin del día.
16 de junio. El buen día.
Desperté muy tarde en comparación a los otros días, no sé si no quisieron despertarme o se les había olvidado, de todas formas, fue una buena noche.
Me levanté algo lento, me vestí y salí del cuarto, caminé por un pasillo que daba directo al salón y cuando llegué ahí estaban todos los hombres, fumando en pipas elegantes, me miraron, saludaron y siguieron conversando.
La mañana fue muy relajante, comimos algo y conversamos con uno de los cazadores, de su nombre solo recuerdo la letra "J". Nos contó un poco de su familia y de como había comenzado en el rubro de la cacería, nos contaba historias y nosotros escuchábamos con atención.
Una pequeña historia de J
El lobo.
Mi pueblo estaba en una época difícil, una época de hambruna común; en mi pueblo nadie estaba por sobre el otro, todos trabajábamos para el bien común. Caminábamos por el bosque que estaba cerca del pueblo, eramos muchos, casi la mayoría de los hombres, y buscábamos cualquier animal que nos pudiera alimentar, hace meses que no cazaban nada, y cada cazador volvía con las manos vacías a sus respectivos hogares, no sabíamos nada del porqué ya no quedaban animales, y sobrevivíamos a base de aves y de un comerciante que pasaba por el pueblo cada seis días. en ese preciso momento yo lo vi, entre unas rocas quizás esperando a que nos acercáramos más, era una especie de lobo, pero su lomo erizado se podía ver por sobre las rocas, era el lobo más grande que había visto en mi vida, medía casi un metro ochenta, incluso casi parecía un oso, pero su postura era claramente la de un lobo, cuando le avisé a mi padre, él hizo una seña y uno a uno se fueron deteniendo los hombres, mi padre apuntó con el rifle y al cabo de unos segundos lo bajó, el lobo tenía animales muertos a su alrededor y nos estaba mirando, comenzó su rápida carrera en busca de otra persa, y se abalanzó sobre mi padre, de los disparos que se efectuaron ni uno le impactó, lo que no le impidió que insertara los colmillos en el cuello y hombro derecho de mi padre, le arrancó la carne, escuché cuando el mordisco le quebró unos huesos, aterrorizado comencé a gritar y me lancé encima del lobo a clavar una navaja, los cazadores dispararon sin esperar a que me alejara, pues tampoco quería alejarme solo quería que esa bestia dejara tranquilo a mi padre.
Mi padre murió antes de poder decirme algo, me llegó una bala en la pierna que me dejó sin caminar por un largo tiempo, y el lobo... Esa bestia... Muerta ahí al lado de mi padre, se podía ver que era un poco más grande que mi propio padre, pero la comida volvió al pueblo y así ocupé el lugar vació que dejó mi padre, uniéndome a los cazadores de mi pueblo, unos años después, la gente comenzó a desaparecer, aullidos de lobo se escuchaban por todo el bosque, los animales volvieron a desaparecer y el pueblo completo decidió marcharse del lugar, el pueblo maldito invadido por bestias, el pueblo aterrorizado de pensar que comenzarían a atacar el pueblo cuando estuvieran muriendo de hambre. Mis hermanos y mi madre partimos al día siguiente, mucha gente fue a vivir a las grandes ciudades, y yo, al intentar instalar un puesto de carne en una ciudad, tuve peleas con un hombre, cazador natal que vendía su producto a los pueblerinos, pero nos volvimos grandes amigos después de grandes palizas que nos dimos mutuamente, y aquí está, somos los dos mejores cazadores de estas tierras y estamos con este gran grupo.
Al final de la historia estaban todos los hombres con sus elegantes trajes, alrededor, escuchando, rieron al escuchar que ellos eran los dos mejores cazadores, pero no le opacaron la historia y acompañaron con un par de aplausos y golpes de admiración en la espalda.
Por el día no hicimos nada, comimos al aire libre, pan y carne, mi padre me dejó probar el vino que se servían y rieron al unísono cuando vieron mi expresión, la tarde fue en otras palabras: Risas, conversar y un aprendizaje nuevo, no volver a tomar las bebidas de los mayores.
Mi padre me decía que yo estaba casi mayor y que pronto le podría encontrar un sabor distinto a esas bebidas; luego me enseñó a tomar bien la navaja y a asestar un par de golpes a un saco con arena que habíamos llenado, me entretenía todo este tema y así pasó la tarde.
Por la tarde estábamos todos en el salón mientras el dueño leía un libro en voz alta, habían muchas palabras que no entendía y pronto fui cerrando los ojos, quizás si no hubiera cerrado los ojos en ese momento... no estaría escribiendo esto ahora...
17 de junio. Las puertas al infierno.
Me destapé por el calor que hacía, me picaba un poco la garganta y esperando a que fuera de día nuevamente abrí los ojos, todo era oscuridad, excepto por debajo de la puerta, que se veía un resplandor anaranjado. Me levanté un poco embobado en busca de agua, abrí la puerta un poco atemorizado por la oscuridad esperando ver a alguien con una vela pasando por el pasillo que estaba continuando después de la puerta, abrí y un olor a humo me hizo abrir mucho los ojos y así esto me hizo despertar instantáneamente, un resplandor anaranjado se veía desde el salón, caminé hacia el resplandor, descalzo la madera del suelo se sentía tibia, de las murallas se podía ver que expulsaba un poco de humo, llegué al pórtico del salón y estaba completamente en llamas, como si las mismísimas puertas del infierno se hubieran abierto dentro, dando paso para que el fuego destruyera todo lo que habíamos construido, pero algo había ahí que me dejó casi hipnotizado, aterrorizado y a pesar del calor que hacía, hizo que mi sangre se congelara: Había alguien enfrente del fuego, una silueta, observando el espectáculo como si fuera su propia creación, al parecer se había dado cuenta de que había alguien más ahí, se dio una vuelta lentamente para observarme. Un grito ahogado por el humo salió de mi garganta al ver que era el mismo rostro que había visto el el bosque, su cara de tranquilidad me hizo dudar de la realidad y escuché pasos apresurados, me levantaron y me dijeron "Sal de aquí, ¡¡Ahora!!" Sin camisa y solo con los pantalones afirmados por unos tirantes el dueño apareció, trayendo consigo su mazo, el joven que estaba ahí enfrente del fuego tomó una posición de combate agachado y piernas separadas, manos atrás y vista fija en el dueño, me quedé en el pórtico del salón observando todo, el dueño comenzó a arremeter con su mazo en contra del extraño y este moviéndose con una rapidez con la que casi se burlaba del dueño; con un cansancio evidente el dueño levantó su arma y el joven aprovechó para golpearlo con una patada en el estómago, y el dueño, esa ocasión la aprovechó para bajar el mazo e intentar golpear en seco al extraño, pero este se lanzó para atrás casi chocando con una viga en llamas, el dueño falló con su golpe y su mazo rompió el suelo de madera, con una gran rapidez el extraño corrió hacia el dueño y pisando su mazo saltó y lo golpeo con una patada en la cara que lo hizo caer, el extraño se puso encima de este y lo golpeo en la cara un par de veces más con un mano abierta y otra cerrada, haciéndolo sangrar como si tuviera cortes en su piel, susurró algo en su oído y se levantó, el dueño tomó su collar y de tener los ojos tan abiertos pasó a cerrarlos lentamente y a fruncir el ceño, el joven levantó la pierna y la bajó rápidamente aplastando el cuello del dueño haciendo salir su último aire que manchó su bigote con sangre. Alguien me tomó por el hombro y me levantó, salimos de la mansión que casi se rodeaba con llamas por fuera, los vidrios explotaban por la presión y el humo salía expulsado por todos los orificios de la construcción que fue mi hogar.
La persona que me llevaba en sus brazos no paró de correr hasta estar en medio del campo, mientras yo gritaba y lloraba al ver que no salía nadie más de la mansión, me puso en el suelo y lo vi, era el cazador que había contado la historia.
No puedo más- dijo jadeando- apresúrate trota a mi lado.
Nos dirigimos al bosque y para mi sorpresa aun se veía un resplandor del sol entre las montañas, corrí lo más rápido que pude y entré al bosque, avancé un gran tramo y cada vez que miraba hacia atrás el cazador venía ahí, corriendo, y el cielo que se dejaba ver por entre el follaje se veía un rastro de humo, siempre a mis espaldas...
*No podíamos parar de correr, las ramas me golpeaban los brazos y la cara, la luz de la tarde ya se había ido y no podía ver bien, una raíz de un árbol me hizo caer y luego solo fue oscuridad...
-Una horrible pesadilla, -dije mientras me acomodaba en la almohada- pesadilla...
Abrí los ojos y vi árboles, me levanté apresuradamente y vi a mi lado al cazador que se había quitado la camisa y yo la había usado de almohada...
Caí al suelo y comenzaron a caer las lagrimas de mis ojos al no ver a nadie más.
Cuando despertó el cazador me encontró sentado y caminamos a la mansión, no había nada, solo una estructura derrumbada, cenizas y un par de llamas que aun persistían abrazando lo último que quedaba.
-Papá - susurré dejando caer unas lagrimas más-
-Vamos, alejémonos de este lugar- dijo el cazador mientras forcejeaba por moverme, pero comencé a correr hacia los escombros y no vi nada, no se movía nada, no había nada, solo el reciente abrazo que le dio el infierno a mi vida, quitándome todo lo que tenía.
Caminé por los escombros con sangre en los pies hacia el lugar donde debería estar mi cuarto, estaba bajo una estructura que aun no se derrumbaba por completo, saqué ladrillos aun tibios, me quemé un par de veces pero encontré lo que buscaba, tomé la navaja que me había regalado mi padre y volví al lado del cazador.
Una vida joven y vacía, una madurez de pensamiento activa pero sin rumbo,
un rostro en la mente y una pesadilla viviente.